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Artículo 4: Martín Platero

Los orígenes discutidos de Río Mayo

El hombre que sabía desaparecer

Los perros no ladraron.

Detrás de unas grandes piedras, dos hombres esperaban con los rifles preparados. Habían llegado demasiado cerca del toldo como para retirarse sin ser vistos, pero todavía no sabían cuántas personas había en aquel campamento ni si pertenecían a una partida mayor. El valle doblaba hacia el este y la expedición, que venía avanzando hacia el sur, había caído de golpe sobre una escena que no esperaba encontrar.

Más allá de las piedras, una familia seguía en movimiento. Algunos habían salido a cazar. En el toldo quedaban mujeres y niños. Los caballos pastaban cerca. Los perros, que podrían haber dado la alarma, seguían en silencio.

Martín Platero no dejó un diario. No conocemos su versión de aquel día. La escena anterior es una reconstrucción posible a partir de los relatos de Fontana y Thomas. Lo que ocurrió después, en cambio, puede seguirse por las fuentes de la expedición.

Y lo que ocurrió después cambió el ritmo del viaje.


El encuentro

El 14 de diciembre de 1885, la expedición de Luis Jorge Fontana llevaba exactamente dos meses desde su salida de Rawson. El gobernador lo sabía y empezaba a sentir la presión del tiempo. Aquel día esperaba hacer una jornada larga, de unas diez leguas, aprovechando que la marcha venía siendo favorable.

Pero no llegaron tan lejos.

Me había adelantado a galope acompañado del señor Mayo y seguíamos hacia el Sud con alguna inclinación, cuando al llegar a un punto en donde el valle afecta una vuelta rápida, pero parcial hacia el Este, caímos inopinadamente sobre un aduar indio.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886.

La escena era delicada. Fontana y Mayo estaban solos. Si el toldo formaba parte de una agrupación mayor, podían quedar expuestos. Si eran descubiertos, tampoco sabían qué reacción esperar.

Fontana escribió que lo prudente habría sido volver de inmediato. No lo hizo. Se escondió con Mayo detrás de unas rocas y esperó al resto de la expedición.

Un cuarto de hora, que nos pareció un siglo, transcurrió hasta que se nos incorporaron nuestros compañeros.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886.

Cuando llegaron los demás, el episodio cambió de escala. Ya no se trataba de dos hombres sorprendidos frente a un toldo. Ahora era una partida armada tomando decisiones rápidas.

Sin pérdida de tiempo, hice rodear la caballada y las catorce vacas que habíamos tomado antes —y adelantándome con diez hombres pude cercar los toldos consiguiendo capturar dos indios, dos mujeres y seis niños de dos a siete años—. Tenían estos para su servicio, solamente, once caballos y diez y siete perros de caza.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886.

Otros cuatro integrantes de aquella pequeña comunidad consiguieron escapar.

Ese dato no es menor.

Desde el primer momento, la historia de Platero aparece ligada a la fuga.


La mirada de Thomas

Thomas contó el mismo episodio con otro tono.

En su diario, Thomas describió el episodio con un tono muy distinto al de Fontana. Lejos de presentar la captura como una acción heroica, dejó registrado el nerviosismo del encuentro y criticó la imprudencia de algunos hombres de la expedición.

Entonces unos dieciocho hombres avanzaron en un galope sosegado, con la excepción de los dos hombres del Gobernador que imprudentemente se precipitaron y asustaron a la pobre china y a los niños que habían quedado en el toldo. También la yegua que estaba atada se asustó y disparó y por supuesto los caballos la siguieron.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

Thomas anotó que la opinión general fue dura:

Ambos sufrieron una reprimenda y la opinión general era que si realmente hubiera indios, serían los últimos en aparecer.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

Después, la expedición esperó.

El hombre del toldo, un muchacho y una mujer estaban afuera cazando. Cuando regresaron, no se acercaron de inmediato. Se quedaron lejos, mirando el campamento ocupado. Una mujer fue enviada como mensajera de paz. Recién después de un buen rato se aproximaron con cautela.

Thomas entendió algo que Fontana apenas deja ver: no habían encontrado una toldería poderosa. Habían encontrado una familia.

Y esa familia vivía con muy poco.

Pero también con mucho trabajo acumulado.

Thomas menciona veinte quillangos, veinte ponchos de guanaco nuevos, herramientas, joyas en elaboración y una lanza larga, cuya punta estaba hecha con media tijera de esquilar de filo muy agudo. Al observar todo eso escribió una frase que merece detenerse:

Estas cosas demuestran que no han perdido el ánimo aún cuando sus vidas parecen pender de un hilo y el programa de su futuro esté destrozado.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

Y enseguida agregó una pregunta incómoda:

¿Se hizo justicia al llevar cautivos los patagones?

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

Esa pregunta no aparece en Fontana.

Y cambia la lectura del episodio.


Quién era Martín Platero

El hombre encontrado aquel 14 de diciembre no era un desconocido.

Se llamaba Martín Platero. Según otras referencias posteriores, su verdadero nombre habría sido Pedro Silbo. En expedientes de tierras aparece también como Pedro Payán o Vayan Platero. El apodo aludía a su oficio: era artesano platero.

Fontana lo comprobó al revisar sus pertenencias.

Uno de estos indios se llama Martín Platero, y es platero de oficio, como podía probarlo con algunas piezas de plata que aún no tenía concluidas y con sus herramientas consistentes en una bigornia, dos martillos, limas de varias clases y algunos otros utensilios.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886.

El detalle es interesante porque Fontana utiliza explícitamente la palabra “capturados”. No habla de acompañantes, aliados ni guías. Habla de individuos capturados. Al mismo tiempo, aclara que sus pertenencias no fueron confiscadas.

Habiendo hecho registrar los toldos, se encontraron diez ponchos de guanaco recien concluidos, veinte quillangos y varias prendas de plata.

Todo lo que fué respetado en la parte que les correspondía á Martin y demás individuos capturados.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886.

Pero Platero era mucho más que un artesano encontrado en un valle remoto.

Había conocido a Francisco Moreno. Fontana le preguntó por sus rasgos físicos y Platero respondió que era joven, algo grueso y que tenía “vidrios en los ojos”. La descripción convenció al gobernador.

Pero el valor de Platero para la expedición no terminaba en su oficio.

También había conocido a George Musters.

Y eso era especialmente importante para Fontana.

También había conocido mucho antes a Musters, asegurándome que ese mismo valle venía desde Santa Cruz y que él me llevaría hasta el paso del Senguel por donde había venido el viajero inglés en su largo viaje desde Punta Arenas.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886.

Para Fontana, aquel dato era enorme.

La expedición buscaba avanzar hacia el Senguer, reconocer sus nacientes y resolver una parte confusa de la geografía patagónica. De pronto, en medio del viaje, aparecía un hombre que decía conocer el camino seguido por Musters.

Poco después, Fontana registró una confusión reveladora sobre el nombre Senguer. Platero no estaba señalando el río entero, sino un punto preciso del río: el paso.

El rio no es Senguerr, Senguerr es esto solo.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886.

Fontana terminó comprendiendo que “Senguerr” no designaba necesariamente al río completo, sino el paso utilizado para cruzarlo. El episodio es pequeño, pero importante: muestra que Platero no era sólo un guía de marcha. También era una fuente de conocimiento sobre cómo se nombraban y entendían los lugares.

No era sólo un prisionero. Era también memoria del territorio, conocimiento acumulado durante décadas y, posiblemente, el guía que la expedición necesitaba.

Por eso, la pregunta que venía del artículo anterior se vuelve más precisa: si Platero era una pieza tan valiosa para orientarse en campos desconocidos, su ausencia en la comisión de Mayo no es un detalle menor.


El hombre que ya había escapado

Thomas aporta otro dato decisivo.

Decía que solamente él y su familia habían escapado de la barrida que hiciera el ejército argentino dos años antes.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

La frase es breve, pero cambia todo.

Cuando Fontana y Mayo encontraron a Platero, no estaban frente a alguien que ignoraba lo que significaba una partida armada. Estaban frente a un hombre que, según su propio relato, ya había logrado escapar antes de una operación militar.

Y no solo él.

Había escapado con su familia.

Ese dato vuelve más comprensible lo que ocurriría después. Platero no era simplemente un baqueano que se perdió de vista una noche. Era un hombre que ya había demostrado capacidad para sobrevivir, ocultarse y moverse por territorios donde otros no podían seguirlo.

Cuando volvió a desaparecer en enero de 1886, no partía de cero.


Los campos de Foyel

Pocos días después del encuentro con Platero, la expedición atravesó una región que conservaba señales muy recientes de otro episodio de la historia patagónica.

Ni Fontana ni Thomas registraron el nombre del lugar. Sin embargo, por las referencias geográficas y los hechos que describen, se trata de la zona que más tarde sería conocida como Apeleg, escenario del enfrentamiento que la historiografía suele recordar como el Combate de Apeleg.

Para Fontana, aquellos campos representaban el final de una época.

Allí, solitarios y combatidos por los vientos, se levantaban como fantasmas en la desolada amplitud del desierto, las tolderías del cacique Foyel que fué el último baluarte de la barbárie derruido por la fuerza de nuestra civilizacion victoriosa.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886.

Más adelante describió lo que todavía podía verse sobre el terreno:

Los toldos abandonados, las lanzas rotas, los esqueletos de hombres y de caballos, las cápsulas servidas del remington y los girones de quillangos, de bombachas y chaquetillas de paño gris, nos anunciaron que allí hacia poco tiempo se había representado una trajedia de muerte.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886.

Thomas observó el mismo lugar con un tono muy diferente.

Llegamos al lugar donde la gente de Foyel fue atacada por los soldados, a fines de 1884.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

Las dos descripciones hablan del mismo episodio, pero desde perspectivas distintas. Fontana lo presenta como una victoria de la civilización sobre la barbarie. Thomas simplemente registra un hecho ocurrido poco tiempo antes.

Para Martín Platero, sin embargo, aquellos campos podían significar algo muy distinto.

Recordemos que, según su propio relato, él y su familia habían logrado escapar de una “barrida” realizada por el ejército argentino dos años antes. No sabemos si se refería exactamente a la campaña contra Foyel o a otra operación relacionada. Las fuentes no permiten afirmarlo. Pero la coincidencia temporal resulta difícil de ignorar.

El enfrentamiento conocido como Combate de Apeleg ocurrió el 23 de febrero de 1883. Thomas registró el paso de la expedición por esos campos el 19 de diciembre de 1885. Entre ambos momentos habían transcurrido menos de tres años.

Thomas registró que Platero hablaba de una “barrida” ocurrida dos años antes. La fecha no coincide exactamente con el Combate de Apeleg de febrero de 1883, por lo que no puede asegurarse que estuviera refiriéndose a ese episodio en particular.

Mientras los expedicionarios observaban restos de toldos abandonados, lanzas rotas y cápsulas de Remington, Platero recorría un territorio cuya historia reciente conocía mucho mejor que ellos.

Thomas lo percibió con claridad.

El indio está más receptivo y muestra que sabe más acerca de estos campos de lo que fingía al principio.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

La observación es importante.

Platero no era solamente un hombre que conocía senderos o pasos de montaña. Conocía también la historia reciente de aquellos lugares, las personas que los habían habitado y los acontecimientos que habían ocurrido allí.

Y cuanto más demostraba saber, más valioso se volvía para la expedición.


De buena o de mala gana

La expedición necesitaba a Platero.

Platero, en cambio, parecía necesitar otra cosa: seguir con su familia, sus animales, sus perros, sus herramientas y su vida lejos de cualquier partida armada.

Esa tensión atraviesa todo el episodio.

Acampamos cerca para poder detener al indio, pues queremos que nos sirva de baqueano.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

Fontana fue todavía más crudo.

Al siguiente día echamos a nuestro Martín Platero por delante para que de buena o de mala gana nos sirviera de guía.

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. 1886.

La frase puede incomodar, pero conviene conservarla.

Porque muestra sin adornos la relación real.

Platero acompañó la marcha, pero no como integrante libre de la expedición. Iba adelante porque lo obligaban a ir adelante. Debía conducirlos por campos que conocía, mientras su familia avanzaba lentamente con pocos caballos, toldo, perros y cargas.

Desde ese momento, la expedición empezó a depender de un hombre que no quería estar allí.

El indio Martín Platero, a quien ya se le había quitado el susto a fuerza de ser bien tratado, lo que no quitaba que fuese más pícaro que bonito…

Luis Jorge Fontana, Viaje de Exploración en la Patagonia Austral, 1886

Más allá de los prejuicios propios de la época, la observación de Fontana resulta interesante. Sugiere que, después de los primeros días de tensión, Platero comenzó a convivir con la expedición con cierta normalidad. Eso no eliminó la desconfianza mutua, pero ayuda a entender por qué la fuga posterior sorprendió tanto a algunos de sus integrantes.


La lanza

La dependencia no eliminó la desconfianza. Por el contrario, algunos episodios sugieren que la relación entre Platero y varios integrantes de la expedición se volvió cada vez más tensa.

La tensión también aparece en el recuerdo de John Daniel Evans.

Según Evans, durante la marcha Platero ya había mostrado una actitud sospechosa antes de su fuga definitiva. El episodio ocurrió cuando la expedición avanzaba y la familia de Platero venía más atrás.

El Valle de los Mártires y Malacara

John Daniel Evans no era un testigo cualquiera. En 1884 había sobrevivido al ataque del Valle de los Mártires, donde murieron tres de sus compañeros galeses. Según su propio relato, logró escapar gracias a su caballo Malacara. Ese antecedente ayuda a entender por qué interpretó con tanta rapidez el gesto de Platero como una amenaza.

Años más tarde, Evans describiría el episodio con bastante detalle:

Su actitud era muy sospechosa, tenía la lanza tomada por la mitad y en un descuido arrimó su caballo junto al mío y comenzó a cortar lanza, es la posición más adecuada para la lucha de a caballo.

John Daniel Evans, citado en Evans, 1999

Evans interpretó el movimiento como una amenaza inmediata.

Tomé mi Remington de la funda que tenía prendida a la montura y le apunté a la cabeza.

John Daniel Evans, citado en Evans, 1999

Y la situación escaló todavía más.

Le ordené marchar adelante, en caso contrario lo mataría en el acto.

John Daniel Evans, citado en Evans, 1999

Por suerte, el episodio no pasó a mayores. Pero el recuerdo de Evans permite medir el grado de tensión que existía dentro de la expedición. Mucho antes de la fuga del 1° de enero, la posibilidad de que Platero intentara escapar ya formaba parte de las preocupaciones del grupo.

No hace falta exagerar la escena. Alcanza con entender lo que muestra: Platero era considerado indispensable como guía, pero también era vigilado y objeto de desconfianza. Y esa situación parecía agravarse con el paso de los días.

Después de ese episodio, Platero fue desarmado y vigilado con más cuidado.

Y deja una pregunta difícil.

Si Platero era indispensable como baqueano, pero al mismo tiempo era visto como una amenaza, ¿qué lugar le esperaba cuando dejara de ser útil para la expedición?


Desconfianza

La desconfianza apareció pronto.

También estaba la posibilidad de que escapara.

El 24 de diciembre, cuando la expedición decidió dejar parte de la carga en el campamento junto a la familia de Platero para avanzar más liviana hacia los Andes, Thomas expresó claramente su preocupación.

Temo que las cosas que dejamos corren un gran riesgo de ser abiertas y tal vez desaparecer. Si el indio tiene oportunidad, podría hacer arreglos con su familia para que ella parta el día posterior a nuestra partida, escapar él y unirse a ellos en su camino a Santa Cruz.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

La sospecha estaba formulada antes de que ocurriera la fuga. Thomas no sólo temía perder a Platero: temía perder cargas, animales y recursos necesarios para continuar el viaje. Además, imaginaba una dirección posible para la huida: Santa Cruz, es decir, hacia el sur.

Ese detalle importa porque muestra que la fuga de Platero no fue un rayo en cielo despejado. La expedición ya la consideraba posible.


El lago y la desaparición

El 24 de diciembre decidieron permanecer en el campamento junto al Senguer y pasar allí la Navidad. Dejaron parte de la carga, algunos animales y a la familia de Platero, para avanzar más livianos hacia la cordillera. El 26 retomaron la marcha hacia el oeste.

Allí intentaron avanzar hacia el oeste, buscaron el paso hacia Chile, subieron cerros, tomaron fotografías, exploraron la costa y finalmente realizaron la ceremonia para darle nombre al lago.

El 1° de enero de 1886, al amanecer, descubrieron que Platero ya no estaba.

Thomas lo registró sin adornos.

Cuando nos levantamos esta mañana, descubrimos que el indio había huido, lo que nos causó escalofríos.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

Para entonces la expedición estaba en un punto delicado: lejos del campamento principal, con parte de la carga dejada atrás, con la esperanza del paso hacia Chile debilitándose y con los víveres empezando a pesar en las decisiones.

La pérdida de Platero no fue solamente la pérdida de un hombre.

Fue la pérdida del baqueano.

La pérdida de un posible intérprete del territorio.

Y la confirmación de un temor que Thomas había escrito días antes.

Ni Fontana ni Thomas explican con certeza el motivo de la fuga.

Pero no hace falta imaginar demasiado para entender que Platero tenía razones para desconfiar. Él mismo había dicho que su familia había escapado de una barrida militar dos años antes. Sabía lo que podía ocurrir con las familias indígenas cuando quedaban bajo control del ejército o de una partida armada.

¿Escapó porque temía por su familia?

¿Porque nunca había aceptado servir como guía?

¿Porque no sabía qué harían con él cuando dejara de ser útil?

Por ahora, la fuente sólo permite afirmar una cosa: Platero desapareció antes de que la expedición pudiera resolver qué hacer con él.


Los primeros hombres

La reacción fue inmediata.

Enviamos cuatro hombres al lugar donde habían quedado las chinas para tratar de detener al indio; tenían órdenes de disparar si se resistía, pero de no dañar a las chinas y los niños.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

Esa misma mañana, antes de iniciar el regreso, todavía se realizó la ceremonia de Año Nuevo junto al lago.

La expedición ya no se movía como un solo cuerpo.

Había hombres enviados hacia el campamento.

Había un grupo principal regresando desde el lago.

Y, según el relato de Fontana, había también una comisión al mando de Mayo con diez soldados que debía bajar hacia el sur para intentar encontrar un paso hacia el oeste.

Ese posible movimiento hacia el sur adquiere otra dimensión después de la fuga de Platero.

No puede afirmarse que la comisión de Mayo saliera para buscarlo. Fontana la presenta como una partida exploratoria hacia el Aysén. Pero el trazado del croquis, breve y envolvente, permite al menos dejar abierta una posibilidad: que aquellos movimientos también pudieran haber servido para cortar rastros o cubrir terreno en caso de que Platero hubiera intentado escapar hacia el sur.

No es una conclusión.

Es una pregunta que vuelve más complejo el episodio.


Siete hombres más

El 2 de enero la expedición llegó al campamento donde habían dejado parte de la carga y los animales.

Allí confirmaron que Platero ya había pasado.

Los fogones todavía estaban tibios.

Thomas calculó que había llegado unas dos horas antes que los hombres enviados el día anterior.

La familia se había ido.

Las cosas de la expedición no habían sido tocadas.

Las vacas estaban bien.

Los caballos también.

Pero Platero ya no estaba.

Ese mismo día, a las dos de la tarde, enviaron una nueva partida.

Esta vez no fueron cuatro hombres.

Fueron siete.

Thomas incluso dejó registrados los nombres de los siete hombres enviados. Entre ellos estaba John Daniel Evans.

La expedición quedó esperando.

El 3 de enero no salieron temprano porque habían desaparecido las vacas. Luego acamparon cerca, en un valle angosto y pantanoso. Thomas escribió que permanecerían allí hasta que regresaran los hombres enviados tras Platero.

El 4 siguieron detenidos, con viento fuerte y sin novedades.

El 5 continuaban en el mismo lugar.

La comisión todavía no había regresado.

Finalmente, el 6 de enero volvió la partida.

No traían a Platero.

La comisión regresó alrededor de las 2 p.m., perdieron el rastro del indio en las piedras, había ido por los lugares más improbables que uno pudiera imaginar pero siempre rumbo al norte.

John Murray Thomas, Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros, Revista Camwy, n.º 10, 1985

La frase es notable.

Platero había logrado escapar con su familia de una redada militar pocos años antes.

Ahora volvía a hacerlo frente a una expedición armada.

Y otra vez con mujeres, niños, perros, caballos y cargamento.

Los rastreadores no pudieron seguirlo.

Perdieron la huella en las piedras.

Había elegido los lugares menos esperados.

Eso no habla de suerte.

Habla de conocimiento.


Una libertad recuperada

La fuga de Platero no puso fin a la expedición.

Pero la alteró.

Durante días, hombres y caballos fueron desviados para buscarlo. La marcha se demoró. Las decisiones se repartieron entre volver, esperar, perseguir y reorganizarse.

Mientras tanto, el clima empeoraba, los víveres disminuían y los animales necesitaban descanso.

La expedición seguía en pie.

Pero empezaba a parecer menos ordenada de lo que sugiere el relato general.

Algunos de los propios expedicionarios parecen haber entendido, finalmente, que Platero había ganado.

William Lloyd Jones Glyn lo resumió con una frase difícil de mejorar:

Llegamos al vado de los tehuelches a la tarde y supimos por el informe de los gauchos que el indígena y su prole habían ganado su libertad una vez más… pienso que el sentir general de la compañía era: feliz viaje para él, sus mujeres e hijos y los quince galgos.

William Lloyd Jones Glyn, citado en Veniard

Martín Platero desapareció nuevamente en la Patagonia. Había recuperado su libertad aunque no sería la última vez que los exploradores escucharían hablar de él.

La expedición, en cambio, todavía seguiría afrontando desafíos.


Fuentes citadas en este artículo

  • Fontana, Luis Jorge. Viaje de Exploración en la Patagonia Austral. Primera edición, 1886.
  • Thomas, John Murray. “Diario de Viaje de la Expedición de los Rifleros”, en Revista Camwy, n.º 10, Museo Histórico Regional de Gaiman, noviembre de 1985.
  • Veniard, Juan María. Exploradores y viajeros en la Patagonia.
  • Evans, John Daniel. Testimonio citado en obras sobre la expedición de los Rifleros del Chubut.
  • Glyn, William Lloyd Jones. Testimonio citado en Veniard.
  • Aguado, Alejandro. Colonización del Sudoeste del Chubut.
Última actualización · 21 may. 2026 (1)
  • ✍️ Río Mayo

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